Ausencias
A veces me gusta tanto la ausencia que llego a ser fantasmal. El hombre invisible lo sabe y lo acepta tal cual porque no es bueno ni malo, solamente es, y lo respeta. Si tú no lo entiendes es porque no quieres. Pecas de exceso de presencia y tanto querer imponerte casi se convierte en acoso. Pero no, sería darte más importancia de la que mereces. Además, con los años incubé más paciencia de la que jamás pensé poder asumir, y hoy no pugno por la despedida más elegante, no quiero tener la última ni la primera palabra, sólo ansío –en tu caso- el aire puro de la distancia. Por eso, cuando vuelvas a encontrarme estaré tan destruida ante tus ojos que ni me verás; es mi elección.


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