El hombre de hielo
Quiso encender una hoguera con pañuelos empapados
De lágrimas. Le habría gustado calentar sus manos
Con el fuego nacido del llanto, pero el intento fue vano
Y sucumbió al frío desierto de los desdichados.
Quiso ser entonces un ángel vengador,
Un caballero armado que sin escrúpulos roba vidas
Para evitar que el mundo le causara más dolor
Para escapar del país de los suicidas.
Pagó al brujo para que le volviera despiadado
Y cruel, fabricando a su medida un negro conjuro
Que le sirviera para endurecer su corazón puro
y sentirse protegido ante cualquier desalmado.
Y el brebaje maldito congeló sollozos, escondió el miedo
Y le convirtió para siempre en el hombre de hielo.
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