Hibernar
El verano se va y en su partida la piel recupera su blanco nuclear y los escotes disminuyen. La simpatía del señor del estanco empieza a hibernar y ya no me da los buenos días, no me dice ni hola. Espero que el verano próximo, cuando sus ojos y mis tetas se encuentren de nuevo, se acuerde de mi y vuelva a sonreirme.
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