Felicidad
Aún no sé de que parte de mí brotaron unas irresistibles ganas de verte. Te busqué. En tu oficina me dicen que estás fuera en una reunión, en el centro. Cojo el metro para llegar veloz al lugar en el que estás, pero (es mentira, no vuela) y llego demasiado tarde. Acudo a comer a un restaurante cercano que sé que te encanta. El pollo al curry supera a duras penas la boca del estómago porque un inquietante nudo trata de impedirle el paso. Estoy muy nerviosa, segura de que aparecerás en cualquier momento. Mientras tomo café con hielo pienso dónde narices puedes estar. ¡Ajá! Ya lo tengo... y me dirijo a toda prisa al café que frecuentas con tu portátil para conectarte vía wifi. Una estupenda infusión de milflores me ayuda a ver la situación con más claridad y, decidida, obligo a mis pies a acercarme con seguridad hacia tu casa. Pulso el 2º A del interfono pero el silencio es la única respuesta que recibo. Estoy desolada, con los ojos vidriosos (por tristeza, no por impotencia, pues cosas así sólo le pasan a los que están como cabras y hace tiempo que asumí mi condición de loca de remate), e intento llamarte pero tu número de teléfono no está en mi lista de contactos, lo borré hace tiempo, igual que hice con tu dirección de correo electrónico. El intento de buscar tu contacto me anima a jugar con el iPhone (ya se sabe, una cosa lleva a la otra...) y leo un e-mail recibido desde mi blog: He descubierto tu mundo de casualidad y me encanta que existas. Mi cabeza da un giro y emprendo el regreso casa. Camino erguida, los hombros echados hacia atrás, elevada la barbilla. Por fin no estás en mi vida. ¡Qué felicidad!
Tags: Desvaríos
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Qué nueva apariencia tan guay la de tu blog. Congratulations!
Verde que te quiero verde. Merci!