Maletas
Estos días he caminado por aeropuertos, estaciones de tren y de autobús repletas de gente de aquí y de allá que a veces corren y, sobre todo, esperan. Tiempos muertos que, cuando se viaja solo, obligan con gusto a leer y a pensar. Por una vez, he metido en la maleta sólo lo imprescindible y pesa poco. El trayecto del viaje me llena de esperanza; la estancia en el destino final es generosa con creces y vuelvo a casa con los ojos como platos de ver tanta belleza.


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