Distorsiones

Consigo dormir después de una semana y media agotadoras. Mi cuerpo descansa pero mi cabeza sigue confusa, llena de pensamientos extraños y sensaciones agrias que tendré expulsar con paciencia. Las imágenes de mi mente se parecen a las pintadas de la calle, y según desde donde se las mire, la distorsión aumenta. Busco entre mis cosas la llave del cerrojo que apresa la angustia en mi pecho, para abrir la puerta y dejarla volar, y salir yo también a repirar aire puro.


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