Ser y no ser
A menudo me pregunto cómo hubiera sido mi vida de haber nacido en otro lugar, un día y un año diferente; si me hubiera criado en otra casa, si hubiera interiorizado otra lengua materna, si me hubieran parido otros padres. Si tuviera la piel más oscura, los ojos rasgados o el pelo rizado. Empiezo entonces a echar de menos imágenes que no he conocido, como el tranvía en Madrid, ir a la playa al salir del colegio o tocar el piano. Es una sensación parecida a cuando, caminando por la calle, clavo la mirada en otras miradas e interpreto gestos hasta que necesito parar, y aprieto los párpados porque me asalta el vértigo al intuir que detrás de cada rostro que observo hay una vida entera. Hoy me seduce pensar que estoy muy lejos, rodeada de silencio, tumbada boca arriba sobre arena fina en la que hundo despacio los dedos, contemplando como un viento agradable desplaza las nubes en el cielo.


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