Silencio por favor
Sentada en el sofá, con un libro entre las piernas que reposan sobre la silla plegable. Suena el timbre de la puerta y abre con desgana. Es él. Da un portazo sin dejarle entrar, se gira y tapa la mirilla con la espalda. Dobla las rodillas y las recoge entre sus brazos mientras se queda sentada en el suelo. Se cuela un por favor susurrante desde el felpudo. Contesta no moviendo la cabeza a derecha e izquierda. Escucha el timbre una vez más y se cubre los oídos con las manos. Pasan segundos, minutos, más minutos. No se oye nada. Sólo silencio.


Meneame
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