Preñada
Preñada de viento estoy
De la angustia me alejo volando
Apretando fuerte los párpados
para evitar el vértigo
Preñada de viento estoy
De la angustia me alejo volando
Apretando fuerte los párpados
para evitar el vértigo
Son maravillosas las definiciones de la Rae. No sabía que había participado tantas veces en una orgía (¡guao!)
Hay que creer en algo, aunque no se tenga fe, y yo sólo puedo creer en el amor. No pienso que los sentimientos estén sobrevalorados, de otro modo, no sé qué hacemos en este mundo además de asesinar el planeta. Por eso, entre el sufrimiento y el disfrute, me recreo en sentir toda la escala de emociones. Me emociona un paisaje, un teatrillo, un dibujo, una caricia, y gracias a los demás, estoy viva. Descanso entre cañas, ronroneo en sofás ajenos, duermo en otras camas, comparto cenas, desayunos, besos, doy, recibo… y no me arrepiento de nada.
Escribo sin modelo
A lo que salga,
Escribo de memoria
De repente, 
Escribo sobre mí,
Sobre la gente,
Como un trágico juego
Sin cartas solitario,
Barajo los colores,
Los amores,
Las urbanas personas
Las violentas palabras
Y en vez de echarme al odiio
O a la calle,
Escribo a lo que salga.
Como en los toros, hoy me han puesto dos banderillas en las anginas para inyectarme una sustancia que me ayudará a eliminar bloqueos físicos. Se llama procaina y todavía tengo que ponerme más en las tiroides y en el vientre. Vivan los pinchazos clavados así, de frente, para que se suelten los chakras y seamos felices aunque haya tanto personajillo cerca que a veces quiera impedirlo. Qué coño, me quiero.
Sola en la cama mi cuerpo te anhela y los sueños vuelan hasta ti. Arranco los botones de tu camisa negra, beso tu cuello mientras te abrazo; mis manos ansiosas recorren tu espalda. Rodeo con suavidad tus pezones y arrastro despacio los labios temblorosos hasta tu ombligo. Te dejas hacer: Suelto el cinturón, libre la bragueta, vaqueros hasta los tobillos. Te empujo sobre el colchón dejándote completamente desnudo e indefenso. Separo tus muslos, muerdo tus glúteos, lamo sin prisa tu espalda desde las lumbares a las cervicales. Tu respiración se vuelve entrecortada, la mía alterna con gemidos. Tus muñecas están presas entre mis dedos y no puedes moverte: te araño, te beso, te inundo, te lleno hasta el grito, el tuyo, el nuestro, el mío.
A punto de entrar en Madrid, de vuelta de Barna
Seis personas, dos perros y dos gatos conviven en los 60 metros cuadrados que lindan con mi diminuto hogar. Son dos casas y dos familias distintas a las que les une su afición a los animales de compañía, de ahí que tengan un perro y un gato en cada casa. Los 30 metros más cercanos a mi, son más grandes que los 30 del fondo del pasillo porque vive menos gente. Una pareja tan joven como paleta cuida mimosamente de sus animales aunque no respeta a la vecindad. Compartimos pared y sus ruidos son parte de mis rutinas. Las llamadas de atención hacia su perra, que aunque casi nunca ladra, gritan sin consultar el reloj por si la hora no fuera la apropiada para vociferar. Hablar les oigo menos, excepto a ella, cuyo tono de voz suele ser elevado, sobre todo si su madre es la interlocutora y la charla es por teléfono. El intercambio de sonidos debe de ser mutuo y estoy segura de que escuchan mi música y saben cuando follo, porque me cuesta gemir en silencio. Al fondo está la casa de los horrores. La he visto porque cuando hace calor dejan la puerta de la calle abierta para que les entre un poquito de aire. Desconocen el significado de la palabra higiene y todo el pasillo huele siempre fatal gracias a los efluvios que desprenden su casa, su perro y ellos mismos. Pero además dan mucho miedo, todos: la madre, el padre y la hija y el hijo adolescentes. He oído contar barbaridades de ellos, pero mis propios oídos han escuchado sus amenazas cuchillos en mano. El corazón te da un vuelco. El chaval habla a veces por teléfono en el portal con su novia, supongo que buscando la intimidad que no puede tener en su casa. Le oigo insultarla, humillarla, acosarla entre desprecios que rozan la amenaza. Últimamente no viene mucho, debe haber encontrado otro techo y aparece los fines de semana para ducharse en el baño común de la tercera planta, que sólo usa su familia. Hacía tiempo que quería escribir sobre ellos, intentaré que la próxima vez sea algo más literario, desde luego hay material. De momento, estos días que tanto tiempo estoy en casa y los tengo tan presentes, necesitaba desahogarme.