La soledad de los números primos
En ocasiones hay un momento en la vida del ser humano que marca para siempre su existencia. Ese día en el que ocurre un acontecimiento que genera un sentimiento de culpa del que no te puedes liberar y que presidirá una forma trágica de estar en el mundo que a diario encuentra un motivo para no ser feliz. A veces no es necesario pasar por un hecho traumático, sino que basta con protagonizar pequeños hitos que consideramos terribles, que asilados no tendrían la suficiente relevancia para socavar ese pozo tan profundo pero se amontonan uno sobre otro creando un abismo cada vez más insondable. Lentamente, el ánimo va minando y la respiración se vuelve torpe hasta que aparece la angustia, que hace sufrir pero permite entrar la cantidad suficiente de oxígeno para que el ahogo no sea definitivo. Creo que algo así debe sucederle a muchas personas, aunque cada una tenga su manera particular de expresarlo. Esta puede ser una de las razones del éxito de La Soledad de los números primos, de Paolo Giordano (Salamandra, 2009). Otra: Que está muy bien escrito.



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