Mis tetas
Obsesiones repentinas que todavía me sorprenden y no sé a qué responden, ni de qué lugar del inconsciente nace el agobio actual que me produce el concepto bikini. No me interesa el análisis psicoparanoico de su significado simbólico, precisamente ahora, cuando mis tetas están bonitas. En verano aumentan y en invierno menguan, como si la ropa de abrigo las aplastara tanto que prefieren esconderse para que me olvide de ellas a fuerza de no verlas y de no sentirlas, porque duelen más cuando están grandes, redondas y firmes. Tienen vida propia y hacen bien. El diagnóstico de una disfunción mamaria es la explicación clínica de su cambio arbitrario de tamaño y forma, que a veces construye un busto indefinible, con el pecho derecho erecto y el izquierdo casi plano, o al revés, quizá satisfaciendo cada uno la necesidad de descansar de su figura, respetando la individualidad del otro. Así son mis tetas, contradictorias, como mi ánimo. Por ejemplo, hoy me encuentro muy bien pero no hay manera de exteriorizarlo y veo en el rostro de los demás su prudencia al hablar conmigo, pues erróneamente interpretan que mi gesto y el tono grave de mi voz denotan que estoy de bajón, y no saben qué decirme ni tampoco lo equivocados que están. Si pudiera llorar ahora, estoy segura de que cambiaría el cheap y mi expresión se conciliaría con mi estado interno. La catarsis de las lágrimas serviría para armonizar la energía que guardo con el ralentí de los movimientos. El trillado término medio, lugar común de la manifestación y el pensamiento único, qué aburrimiento. Está refrescando. Mis tetas se van a reducir. Qué lío de tallas: 85-A, 90-B, 80 europea…no me puedo organizar. En los bikinis lo difícil es que te sirva de pecho y la braguita no te quede grande. De la ropa interior mejor no hablar, siempre me la critican. Hoy dormiré completamente desnuda y soñaré que estoy bajo las aguas de un mar cristalino, chapoteando como dios me trajo al mundo.
Septiembre de 2007


Meneame
del.icio.us
