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Categoría: De menos De más

Menos mal

ansiolitica 28/04/2008 @ 18:27

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Cuenca presentó la semana pasada el corto dirigido, realizado, protagonizado y pagado por el actor Felipe G. Vélez. El lugar ideal para ver esta obra de arte titulada El Vellocino, rodada en la serranía, que toca las emociones de quién lo ve. No sucedió esto el jueves pasado porque, una vez más, la ciudad vertical no estuvo a la altura y la proyección fue un desastre. Se veía mal, se escuchaba peor, cortaron el principio. Olé por los que se enorgullecen de que Cuenca es única. Menos mal.

Lecturas

ansiolitica 28/04/2008 @ 17:45

Abro los ojos y me pesan. Salgo a la calle. Estómago revuelto. Acelero y llego… tarde. Finjo y suavizo el gesto ocultando el disgusto, el cabreo constante por estar perennemente triste, esperando. Aguardando siempre que lo ajeno me entretenga, me divierta, me agrade… me llene, aún sabiendo que el cambio no está ahí afuera, sino tan cerca que ciega. Me ocupo.Y me cargo de cargas y me encorvo hasta el dolor para convencerme de que son importantes. Lo peor: Sentirme culpable, si soy feliz. Abro entonces el libro, uno de tantos, que me invade, me enseña, me aleja, dibuja sentires que acepto; me ayuda a sobrevivir.

Domingo

ansiolitica 28/04/2008 @ 12:03

Ayer leí en Enfocarte este poema de Fabián Casas que me gustó mucho.

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Hace algún tiempo

Hace algún tiempo
fuimos todas las películas de amor mundiales
todos los árboles del infierno.
Viajábamos en trenes que unían nuestros cuerpos
a la velocidad del deseo.

Como siempre, la lluvia caía en todas partes.

Hoy nos encontramos en la calle.
Ella estaba con su marido y su hijo;
éramos el gran anacronismo del amor,
la parte pendiente de un montaje absurdo.
Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.



Fabián Casas (www.fabiancasas.tripod.com) nació en Buenos Aires, Argentina, en 1965.

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Novela azul

ansiolitica 23/04/2008 @ 21:02

Al revés es el título de la novela azul escrita por Isabelle Alonso. La llama así porque se opone al concepto de novela rosa, pero por mucho más. La historia es difícil de digerir al principio, porque se desarrolla en un mundo al revés, en el que los hombres están discriminados y las mujeres dirigen las empresas, presiden los gobiernos, las universidades... y en casa se comportan, todas, como el peor de los maridos machistas que puedas conocer o, peor aún, que los cuñados que puedas tener. Son chungas de necesidad y miran a los tíos como objetos de usar y tirar, mientras ellos se maquillan, usan tacones y vigilan continuamente sus músculos para ser chicos 10, porque de otro modo, en la clitocracia de Isabelle Alonso, lo tienen jodido para ser valorados socialmente. Vamos, como nos pasa a las mujeres en la realidad, que si nos alejamos del 90-60-90, somos deformes. Además, la autora utiliza el genérico femenino en el lenguaje y en su universo habla de madres (madre+padre) y de maridas. Cuando te acostumbras, engancha.

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Soy una perra

ansiolitica 19/04/2008 @ 17:58

Están lejos y el teléfono enmudece. No hay nada que decir, la conversación pierde sentido más allá del entretenimiento en los días festivos sin un plan mejor. El lunes llama: - Te quiero ver- Un té, un cine, una cena: No le gusta estar solo y a su lado consigue liberar la mente de los asuntos laborales cuando sale de la oficina. Jueves. Una noche juntos, mimitos, un polvo. Una voz dulce le ha dorado la oreja y pisa la calle con la sonrisa puesta. Pasan semanas y ve la ausencia frente a sí pero no le preocupa. Se aleja seguro otra vez y la distancia se alaga, se estira hasta romper la correa de su animal de compañía. ¡Guau, guau!


Hasta los pelos

ansiolitica 12/04/2008 @ 16:04

Porqué los gays, que marcan tanto estilo y son tan chic, pueden abanderar la imagen del oso como símbolo de belleza y atractivo, y las mujeres no podemos tener un pelo de más en las cejas? Vale que a mi no me gusta estar hasta las cejas de pelos en el cuerpo, vale que me depilo bigote, piernas, ingles y axilas, pero estoy hartita de ver fotos y videos porno donde las mujeres no tienen más que un hilillo de vello en la raja. Seamos serias, igual que rechazo la imagen de la top model escurrida como encarnación de la belleza femenina o que los pelazos en las piernas de las nórdicas sean estéticos, reclamo porno de mujeres y con mujeres con sentido común, y con vello púbico. Como fantasía y como realidad, es genial ese momento en que te cubren suavemente de espuma de afeitar todo el coño y aledaños. Después te rasuran con cuidado, con ese sonido tan mágico, y luego… doy fe, mola. Pero las semanas siguientes son horribles, el pelo crece con fuerza y te rascas en tu casa, y te aguantas en el curro, y en el metro, en fin, cada una elige. Y encima la depilación extrema no sólo duele, si no que es un negocio repugnante. Por todo esto, reivindico la osita, que no la osa peludo-bigotuda.

Semana rara

ansiolitica 24/03/2008 @ 18:57

 

Ya pasó la Semana Santa. Siete días raros para descansar. No estoy acostumbrada a parar durante tanto tiempo, a que me sobren minutos para pensar en lugar de saltar de un lado a otro sobre la marcha. 7 jornadas lejos del ruido y de la prisa, echando de menos, soñando de más, pero bien acompañada y nutrida: teatrillo, cine, exposiciones, parque… todo regado con cañas y risas. No sé que tomarme para superar la pena de volver al trabajo.

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desorden

ansiolitica 19/03/2008 @ 19:59

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Soy incapaz de poner orden en el desorden que me rodea. Comida merienda y cena a las 20h para silenciar las tripas. Estoy completamente improductiva.

Gazapos

ansiolitica 17/03/2008 @ 11:12

Algunas mentiras del Photoshop, buceando en swissmiss:


Kbh7nxkmcmjp

A blog dedicated to Photoshop Disasters. Endless fun.


Ser y no ser

ansiolitica 05/03/2008 @ 20:42

 

A menudo me pregunto cómo hubiera sido mi vida de haber nacido en otro lugar, un día y un año diferente; si me hubiera criado en otra casa, si hubiera interiorizado otra lengua materna, si me hubieran parido otros padres. Si tuviera la piel más oscura, los ojos rasgados o el pelo rizado. Empiezo entonces a echar de menos imágenes que no he conocido, como el tranvía en Madrid, ir a la playa al salir del colegio o tocar el piano. Es una sensación parecida a cuando, caminando por la calle, clavo la mirada en otras miradas e interpreto gestos hasta que necesito parar, y aprieto los párpados porque me asalta el vértigo al intuir que detrás de cada rostro que observo hay una vida entera. Hoy me seduce pensar que estoy muy lejos, rodeada de silencio, tumbada boca arriba sobre arena fina en la que hundo despacio los dedos, contemplando como un viento agradable desplaza las nubes en el cielo.