Tanto vales
Vale menos un bordado que un descosido
Una vez más compruebo, ya casi sin sorpresa, que quienes más alto reniegan de algo, maś ganas tienen de alcanzarlo. Y en el oculto camino hacia la inconfesable meta sobrevaloran lo que no tiene apenas importancia y pisotean sin pudor a quienes sí se atreven a ser sinceros, pues de otro modo, tendrían que reconocer sus mentiras ante el espejo. Suele estar bastante claro, suelen ser personajes planos aunque vayan de sobrado... por eso te recomiendo que, si se tercia, les trates, pero sin confiarte porque no pierden la capacidad de hacer daño. Algunos días, estos personajillos me dan pena, hoy les detesto.
El verano se va y en su partida la piel recupera su blanco nuclear y los escotes disminuyen. La simpatía del señor del estanco empieza a hibernar y ya no me da los buenos días, no me dice ni hola. Espero que el verano próximo, cuando sus ojos y mis tetas se encuentren de nuevo, se acuerde de mi y vuelva a sonreirme.
Aún no sé de que parte de mí brotaron unas irresistibles ganas de verte. Te busqué. En tu oficina me dicen que estás fuera en una reunión, en el centro. Cojo el metro para llegar veloz al lugar en el que estás, pero (es mentira, no vuela) y llego demasiado tarde. Acudo a comer a un restaurante cercano que sé que te encanta. El pollo al curry supera a duras penas la boca del estómago porque un inquietante nudo trata de impedirle el paso. Estoy muy nerviosa, segura de que aparecerás en cualquier momento. Mientras tomo café con hielo pienso dónde narices puedes estar. ¡Ajá! Ya lo tengo... y me dirijo a toda prisa al café que frecuentas con tu portátil para conectarte vía wifi. Una estupenda infusión de milflores me ayuda a ver la situación con más claridad y, decidida, obligo a mis pies a acercarme con seguridad hacia tu casa. Pulso el 2º A del interfono pero el silencio es la única respuesta que recibo. Estoy desolada, con los ojos vidriosos (por tristeza, no por impotencia, pues cosas así sólo le pasan a los que están como cabras y hace tiempo que asumí mi condición de loca de remate), e intento llamarte pero tu número de teléfono no está en mi lista de contactos, lo borré hace tiempo, igual que hice con tu dirección de correo electrónico. El intento de buscar tu contacto me anima a jugar con el iPhone (ya se sabe, una cosa lleva a la otra...) y leo un e-mail recibido desde mi blog: He descubierto tu mundo de casualidad y me encanta que existas. Mi cabeza da un giro y emprendo el regreso casa. Camino erguida, los hombros echados hacia atrás, elevada la barbilla. Por fin no estás en mi vida. ¡Qué felicidad!
Un cine (invita él). Unas tostas (pago yo). Dormimos (poco) en su casa prestada. Camino del alba lo hacemos en el salón, en la ducha, en la cama. Desayuno temprano en un bar. Me tengo que ir. Me acompaña paseando bajo un cielo que amenaza lluvia. Aún hay tiempo. Entramos a una exposición vacía de público. Le arrastro a la oscuridad de la sala de proyecciones. Nos comemos a besos. El autobús nos acerca (ahora) a mi casa más rápido que nuestros pies. Revuelto de sábanas húmedas de chiribiri y deseo. Otro café. Me marcho. Tengo reunión familiar. –Quiero estar contigo. Voy contigo.-Es (¡demasiado!) pronto para que conozcas a mis padres.
Hoy me he levantado macarra, me he metido en los pantalones pitillo y he retrocedido, como succionada por un agujero negro, a los viejos tiempos.
The Black Crowes - Hard to Handle
Comienza septiembre. Iniciativas que se han hecho viejas y han perdido su significado. Nuevos planes, como cambiar las clases de francés por las de inglés, sin salir del Paseo del Prado (ya me gustaría que fuera de Les Champs Elysées) Au revoir, hello!
Después de tanta lluvia, truenos, relámpagos… es difícil resistirse a escribir desde la melancolía cuando el cielo no ha dejado de llorar en toda la primavera. Desde el frío que recuerda lo solos que estamos en la vida y en la muerte. Desde la humedad que impone fragilidad a la rutina diaria. Hoy el sol asoma y a cubierto se avecina tormenta, será por costumbre. Por eso, tengoel pararayos a punto, el impermeable listo, el paraguas impecable... pero no uso capucha.

Imagen: http://cosassencillas.files.wordpress.com/2006/12/tormenta.jpg
Hace un tiempo me tenías loca, ahora estoy loca por ti.
Seis personas, dos perros y dos gatos conviven en los 60 metros cuadrados que lindan con mi diminuto hogar. Son dos casas y dos familias distintas a las que les une su afición a los animales de compañía, de ahí que tengan un perro y un gato en cada casa. Los 30 metros más cercanos a mi, son más grandes que los 30 del fondo del pasillo porque vive menos gente. Una pareja tan joven como paleta cuida mimosamente de sus animales aunque no respeta a la vecindad. Compartimos pared y sus ruidos son parte de mis rutinas. Las llamadas de atención hacia su perra, que aunque casi nunca ladra, gritan sin consultar el reloj por si la hora no fuera la apropiada para vociferar. Hablar les oigo menos, excepto a ella, cuyo tono de voz suele ser elevado, sobre todo si su madre es la interlocutora y la charla es por teléfono. El intercambio de sonidos debe de ser mutuo y estoy segura de que escuchan mi música y saben cuando follo, porque me cuesta gemir en silencio. Al fondo está la casa de los horrores. La he visto porque cuando hace calor dejan la puerta de la calle abierta para que les entre un poquito de aire. Desconocen el significado de la palabra higiene y todo el pasillo huele siempre fatal gracias a los efluvios que desprenden su casa, su perro y ellos mismos. Pero además dan mucho miedo, todos: la madre, el padre y la hija y el hijo adolescentes. He oído contar barbaridades de ellos, pero mis propios oídos han escuchado sus amenazas cuchillos en mano. El corazón te da un vuelco. El chaval habla a veces por teléfono en el portal con su novia, supongo que buscando la intimidad que no puede tener en su casa. Le oigo insultarla, humillarla, acosarla entre desprecios que rozan la amenaza. Últimamente no viene mucho, debe haber encontrado otro techo y aparece los fines de semana para ducharse en el baño común de la tercera planta, que sólo usa su familia. Hacía tiempo que quería escribir sobre ellos, intentaré que la próxima vez sea algo más literario, desde luego hay material. De momento, estos días que tanto tiempo estoy en casa y los tengo tan presentes, necesitaba desahogarme.