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Categoría: Amorex

Santiago, te quiero

ansiolitica 16/04/2009 @ 21:20

Supongo que tengo una cara fácil porque a menudo me dicen que me parezco a alguien. A veces se trata de gente famosa, cantantes, actrices, deportistas, etc, que a mi modo de ver ni siquiera se dan un aire entre ellas, pero en fin, no seré yo quién diga que mis retinas son las que ven con más nitidez, pues más bien me siento sorda, tuerta y muda demasiadas veces. Hay gente a quien recuerdo a Carmen París. Me encanta porque estoy convencida de que en otra vida fui cantante, en otra actriz, en una anterior veterinaria... y en una futura, cuando conozcamos otros mundos, espero ser astronauta (de momento, ya me siento extraterrestre). Pero sobre todo, me da mucha, pero que mucha envidia, cantar (así) y estar tan cerquita de Santiago Auserón, uno de mis grandes (y pocos) ídolos. - Santiago, te quiero.

El amor, esa droga

ansiolitica 06/03/2009 @ 11:46

El libro de Lucía Etxebarria Ya no sufro por amor, ofrece consejos para evitar enredarse en relaciones que, por distintos motivos, nos hacen infelices. AL hablar de la dependencia emocional a la que muchos hombres y mujeres tienden (o tendemos) a padecer; es decir, esa supeditación o sumisión que si no llega a ser el germen, sí sustenta un montón de relaciones dañinas, la autora se refiere así a los yonquis del amor:

La sociedad occidental está plagada de yonquis del amor. O, más bien, yonquis de un muy particular concepto de amor que no tiene nada que ver con la idea de una relación libre, sana, consensuada y mutuamente respetuosa entre dos personas, sino con la de un enredo agotador y tormentoso que perjudica en principio al bienestar emocional y, por fin, a la salud e integridad física. En ese sentido, el amor es la droga más dura.

Más adelante y después de varios capítulos escritos con enorme fluidez, acertado sentido del humor sobre algunos aspectos muy duros de las relaciones humanas, Etxebarria ennumera los 10 mandamientos de una relación (más o menos) feliz. Porque es el número mágico y porque me gusta el contenido, destaco el séptimo:

Nunca renuncies a lago que sea muy importante para ti con tal de conseguir su afecto. (...) Nunca cedas terreno emocional a cambio de afecto, porque lo único que conseguirás es que la otra persona pida más y más y nunca te dé. Si en una relación vas a empezar a perder parte de ti misma, de tu personalidad, de lo que te define, eso no es una relación: es un secuestro.

No me resisto a añadir que más adelante, en el octavo mandamiento, recuerda que todxs somos iguales, porque estoy totalmente de acuerdo: Cuando empieces a pensar tonterías como "no le merezco" o "es demasiado bueno para mi", vas mal. Estás empezando a ser dependiente.

Aunque estos días ha regresado el frío, la primavera está a la vuelta de la esquina, un buen momento para consumir un libro aspirina que sane los dolores musculurares derivados de la astenia.

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Lucía Etxebarria: Ya no sufro por amor. Madrid, 2007. Ediciones Martínez Roca, S.A

Toc toc

ansiolitica 18/01/2009 @ 19:22

Quisiera estar a tu lado para sanar las heridas de tu corazón acelerado. Ser el algodón que amortigüe los golpes y el agua oxigenada que devuelva la clave, el son a tu latido. Ese toc toc que, desde niñas, suena al compás del mío.

Casquete polar

ansiolitica 11/11/2008 @ 22:15

Acabo de escuchar esta combinación de palabras en la previsión meteorológica. De inmediato y simultáneamente dos ideas me han venido a la cabeza...

- Qué pena acabar una amistad por mezclarla con sexo

- Qué lástima no poder ser amigo de quien has amado como si sólo tú y él/ella habitaran este mundo

... Pensamientos que me han recordado esta canción: Mastretta: El último habitante del planenta

Azar

ansiolitica 09/10/2008 @ 21:31

El azar decidió que perdiera el autobús aquella mañana y que no coincidiera en el asiento a tu lado. No regogiste mi cartera del suelo porque no llegó a caer, ni me embriagó tu mirada amable junto a aquellos buenos días que nunca pronunciaste.

No compartimos trayecto, ni charla, ni coqueteo, ni café antes de separarnos, ni intercambio de números de teléfono. Como no te invité a mi casa, no cruzaste la puerta marcando nueve pasos, como no pisaste el décimo que habría supuesto el gran salto.

Acumulamos ratos solitarios porque se le antojó al azar. Y alejados el uno del otro, vivimos ignorantes de nuestra existencia. No llegamos a besarnos, ni desgastamos lecho, ni incómodos desayunos, ni juegos, ni sexo. Por todo eso no supe de tu rabia ni tú supiste de mis anhelos.

Todo fue cosa del azar, que no quiso presentarnos aquella mañana, y así nos privó de las ganas y nos libró de culpas insanas.

Felicidad

ansiolitica 17/09/2008 @ 20:10

Aún no sé de que parte de mí brotaron unas irresistibles ganas de verte. Te busqué. En tu oficina me dicen que estás fuera en una reunión, en el centro. Cojo el metro para llegar veloz al lugar en el que estás, pero (es mentira, no vuela) y llego demasiado tarde. Acudo a comer a un restaurante cercano que sé que te encanta. El pollo al curry supera a duras penas la boca del estómago porque un inquietante nudo trata de impedirle el paso. Estoy muy nerviosa, segura de que aparecerás en cualquier momento. Mientras tomo café con hielo pienso dónde narices puedes estar. ¡Ajá! Ya lo tengo... y me dirijo a toda prisa al café que frecuentas con tu portátil para conectarte vía wifi. Una estupenda infusión de milflores me ayuda a ver la situación con más claridad y, decidida, obligo a mis pies a acercarme con seguridad hacia tu casa. Pulso el 2º A del interfono pero el silencio es la única respuesta que recibo. Estoy desolada, con los ojos vidriosos (por tristeza, no por impotencia, pues cosas así sólo le pasan a los que están como cabras y hace tiempo que asumí mi condición de loca de remate), e intento llamarte pero tu número de teléfono no está en mi lista de contactos, lo borré hace tiempo, igual que hice con tu dirección de correo electrónico. El intento de buscar tu contacto me anima a jugar con el iPhone (ya se sabe, una cosa lleva a la otra...) y leo un e-mail recibido desde mi blog: He descubierto tu mundo de casualidad y me encanta que existas. Mi cabeza da un giro y emprendo el regreso casa. Camino erguida, los hombros echados hacia atrás, elevada la barbilla. Por fin no estás en mi vida. ¡Qué felicidad!

Amante

ansiolitica 17/09/2008 @ 12:22

Dos amigas conversan:

 - Tenemos que echarnos un amante este invierno.

- ¿Qué dices...? ¿...Una manta?

- Sí, eso también.

Demasiado

ansiolitica 15/09/2008 @ 10:23

Un cine (invita él). Unas tostas (pago yo). Dormimos (poco) en su casa prestada. Camino del alba lo hacemos en el salón, en la ducha, en la cama. Desayuno temprano en un bar. Me tengo que ir. Me acompaña paseando bajo un cielo que amenaza lluvia. Aún hay tiempo. Entramos a una exposición vacía de público. Le arrastro a la oscuridad de la sala de proyecciones. Nos comemos a besos. El autobús nos acerca (ahora) a mi casa más rápido que nuestros pies. Revuelto de sábanas húmedas de chiribiri y deseo. Otro café. Me marcho. Tengo reunión familiar. –Quiero estar contigo. Voy contigo.-Es (¡demasiado!) pronto para que conozcas a mis padres.

Razón de amor

ansiolitica 03/09/2008 @ 20:22


Razón de amor

No es sólo la pasión de los abrazos,

la saliva, el aroma, el vértigo, los besos

o el plácido desvelo de la ausencia.

Mi amor es la fábula y la trama,

el relato interior que sigue a cada reencuentro,

la glosa que acompaña los adioses,

el minucioso examen de las frases

y el eco que tu voz le pone a mi silencio.

Mi amor es ser feliz y no engañarme

anticipando el daño del negro desengaño,

cuando el sexo se esfume en el recuerdo

remoto y resentido de un orgasmo.

El consentir la calma en las mareas

y atesorar las horas y los días

de la fiesta de luz que celebramos,

del banquete voraz de los sentidos.

Y abolir la frontera de los cuerpos,

detenernos, subiendo la escalera,

a besarnos en los peldaños.

 

Leopoldo Alas

La duda

ansiolitica 31/07/2008 @ 13:18

La otra noche me sorprendí intentando recordar un rostro y no fui capaz. Ni forzando la memoria como a veces agudizo los ojos para tener la visión más nítida durante el instante preciso en que se puede leer un rótulo. Probé por partes y pensé en los dientes, en los labios y en su perfil, pero el esfuerzo fue inútil. No hubo manera de volver a ver ni la mirada afilada, ni la sonrisa, ni el ceño; tan sólo intuí alguno de sus gestos pero eran demasiado impersonales y vagos para reconstruir su cara. Busqué alguna foto en Mis imágenes pero allí tampoco estaba. Entonces dudé: ¿De verdad existió?