Un amigo me acaba de decir que soy subnormal por madrugar ahora, que no hay obligación externa para hacerlo. No tengo capacidad para discutir si estoy de acuerdo o no, tampoco fuerzas ni ganas de discutir. De hecho, hoy cenaremos juntos y nos reiremos de mis decisiones, de las suyas y de la vida en general. El hombre invisible agradecerá que una tercera persona nos acompañe por un rato porque sé que mi presencia es densa desde hace semanas. En esta ocasión, no me pudo liberar ni el llanto. Las lágrimas no hicieron efecto porque es demasiado duro llorar y hacer llorar al mismo tiempo. Además, aunque ya he decidido lo que está en mi mano, sigo confusa, y agradecida, y perdida...Y hoy, después de una cena ligera inisistiré tomando un antiácido para tratar de seguir, mañana, pasado y el siguiente, libre de presiones, aunque en este momento hablan más mis ganas que mi esperanza, anulada la pobre por un invasor dolor de cabeza del que no me libro desde hace días. Nada que no pueda curar un paracetamol, nada de lo que no se pueda culpar a la puta tesis. Hoy inauguro una categoría con este nombre y tomo el testigo de Sen Rede.