K.O
A veces creo que mi cuerpo no es el apropiado, que no es acorde con quien yo soy. Dudo entonces de si el físico y las emociones dibujan -por ejemplo- líneas paralelas, diagonales, círculos cóncavos o convexos, si su relación es un error que estará presente durante toda la vida. Sé que somatizo las emociones, quizás en un intento inconsciente de conciliar cuerpo y alma; pero esto es sólo teoría, la realidad va siempre más lejos. Ansiolítica encendió un día la insignificante luz que decora el universo y consteló a la angustia, la obligó a irse para no tener que caminar -como Endorsai, el prota de la novela de Roberto Arlt Los siete locos- sobre las copas de los árboles para evitar el nudo paralítico en la boca del estómago. Echó a la angustia hace meses, se fue dando gritos y portazos como un mal amante que por fin te quitas de encima. Sin embargo, sabía que insistiría y por eso no le sorprendió cruzarse con ella en el portal de su casa hace unos días. Lamantablemente no sospechó que venía a presentarle una nueva batalla. Pilló por sorpresa a Ansiolítica, que desenvainó tarde, con torpeza, y no pudo esquivar los golpes que, uno tras otro, dejaron K.O su corazón.


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